
Así empezó una actividad de observación/investigación que hice el curso pasado con alumnos de 1º de la ESO. Para la actividad colocamos cuatro rebanadas de pan de molde de una conocidísima marca (B_ _ _ _) en bolsas de plástico. La primera rebanada (arriba izquierda) la dejamos como grupo control, la segunda (arriba derecha) la tocamos con las manos “normales” tal cual las llevábamos, la tercera (bajo a la izquierda) la tocamos con las manos sucias después de haberla pasado por suelas de zapatillas, marcos de puertas, suelo,…., y la cuarta (bajo derecha) la tocamos con las manos recién lavadas.
Las hipótesis que los alumnos y las alumnas emitieron apuntaban todas a que las rebanadas más contaminadas serían las que tocamos con las manos más sucias, luego las normales, luego limpias y las últimas las control. ¡Parece razonable!
La sorpresa vino cuando pasaron una semana, dos semanas, tres, cuatro, un mes, dos meses,.. y ahí no creía nada. Los panes cada vez estaban más tiesos pero ni rastro de organismos.
Esto nos planteó nuevos interrogantes y nos obligó a emitir nuevas hipótesis: ¿Qué pasaba que no crecían hongos? ¿No había en el ambiente o es que algo llevaba el pan de molde?. Para poder contestar a estas preguntas ampliamos la experiencia.
Por un lado, realizamos medios de cultivo con caldo para poder repetir la experiencia en otro medio y ver si realmente es que no había microorganismos en el ambiente o es que el pan de molde llevaba algún componente que impedía el crecimiento. Estos fueron los resultados:
Pudimos comprobar cómo si existían microorganismos y que crecían diferente según tocábamos el medio con las manos más o menos sucias. ¡Hipótesis iniciales confirmadas!
Pero seguíamos sin saber qué había pasado con las muestras iniciales. Así que por otro lado, colocamos al lado de nuestras bolsitas bolsas con pan casero (composición: harina, agua, levadura, azúcar y sal) y esperamos.
Pudimos comprobar como en el plazo de una semana en el pan casero crecían los organismos que en el pan comercial no habían podido crecer en dos meses.
Esto nos llevó a investigar la composición del pan comercial y descubrimos que llevaba antifúngicos muy potentes, tanto que en alguna página venían clasificados como “alta toxicidad”. La experiencia abrió un debate sobre el uso de los conservantes y el consumo de los alimentos procesados.
Pero aún así quedaron algunas dudas. Por un lado, no veían bien las bacterias, los hongos ocupan todo el espacio visible y no podían ver bien las diferentes colonias. Por otro lado, tenían la duda si realmente un antifúngico funcionaría eliminando los hongos que ellos habían visto crecer.
Planteamos una nueva experiencia, crear los mismos medios de cultivo que antes pero esta vez los alumnos y las alumnas añadirían una crema antifúngica. Esta es la imagen de los resultados
Con la crema antifúngica pudimos comprobar que los hongos no crecen bien ya que, tanto en el la placa de manos normales como en la placa de manos sucias, apenas crecieron un par de manchas oscuras. Además pudieron ver bien en la lupa las colonias de bacterias!
Fue una experiencia doble que le gustó mucho a los alumnos y las alumnas, nos permitió trabajar siguiendo el método científico un tema que les atrajo muchísimo.

